La correspondencia de Alejandra Pizarnik, por Patricia Venti

La correspondencia que mantuvo Pizarnik con familiares, conocidos y amigos apenas comprende una década. Para ella, escribir cartas era una necesidad y se convirtió en una manera de estar en contacto con el mundo. Los epistolarios editados por Ivonne Bordelois en 1998 y por Antonio Beneyto en el 2003 conforman una colección sesgada del repertorio epistolar pizarnikiano. Al igual que sucedió con los diarios, las supresiones, cortes y expurgos no vienen señalados con asteriscos. La elección sigue un principio de “preservación” de la intimidad, lo cual no deja de ser paradójico, desde el mismo momento en que una editorial decide publicarlo. Alrededor de la figura “poeta-suicida-Pizarnik” existe un “pacto de silencio” por parte de los críticos y biógrafos que pretende reforzar el “personaje literario”. Juan Liscano fue el primero en imponer su valla a los lectores al tachar extensos párrafos en la correspondencia mantenida con la poeta. Por ejemplo, en la carta fechada el 12 de febrero de 1972 se omitió lo siguiente:

“Juan, mi tan amigo, más agradecerte el dinero? Valga decirte que me salvó en el sentido literal del término. Además por él empecé a alimentarme y estoy más fuerte” [1]

Desconocemos el contenido de las otras “confidencias”, que promedia casi una cuartilla, pero las zonas reservadas dejan ver sin pudor alguno la disposición de un lector privilegiado sobre el texto de la corresponsal. Un lector convertido en árbitro y dueño de las misivas. Las omisiones sellan aquellas frases donde la multiplicidad de funciones de la escritura epistolar entra en crisis, velan zonas donde la expansividad del remitente tropieza con la posibilidad de exhibir la carta. El silencio se reinstala entonces sobre los nombres propios, sobre las opiniones maledicientes o sarcásticas, sobre el registro escabroso de la vida privada. La mirada de un último confidente atesora, antes de eliminar, las frases que ni los contemporáneos ni la posteridad deben leer. En este sentido, el género epistolar presenta un doble aspecto: por una parte, son textos escritos sin intención de publicación y por otra, son relatos literarios que han pasado por el filtro del autor o editor. [Continuar leyendo]

Fuente del texto y la imagen

Venti, Patricia. La correspondencia de Alejandra Pizarnik. En: Alejandra Pizarnik : pública y secreta. Disponible en: http://patriciaventi.blogspot.com/

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