Diarios, 9 de noviembre de 1962 (Fragmento)

Imagen: Toma de Memoria Iluminada (capítulo 1), de Molina y Ardito.

9 de noviembre, viernes

“(…)  Cuando yo era una niñita decía siempre sí. Sí al juego, al canto, a las exigencias familiares. Cuando tenía tres años era bellísima y sonreía. Aún mi madre no había ganado, aún las [tachado] no me torturaban. Me ponían sobre una silla y me hacían cantar. Yo cantaba. Me ordenaban silencio. Me callaba. Me mandaban a un rincón con los juguetes rotos y polvorientos y allí  me quedaba. Hoy pienso en esa niñita y me asombra comprobar cómo trabajaron para arruinarme. Labor perfecta. Quedó lo que tenía que quedar: un poco de ceniza. Pero no me quejo. Es idiota defender a los inocentes. Alguien contaba cómo los ojos de Anna Frank eran cada día más enormes, cómo se consumía y lloraba cada día menos. La faena repugnante de mis padres y maestros es semejante. Es igual, quiero decir. Llega un día en que no se llora. Los ojos velan al cadáver que fui. Se la recuerda como a otra, una lejana y muy querida compañera de otros años. A veces hay deseos de vengarla, de putear contra los verdugos. Es la voz de la violada que se alza en un cementerio a medianoche. Todo esto debiera excitar a mi sentido del humor, el único virtuosamente desarrollado que tengo. Porque los otros, aun el del tacto, están averiados y no me sirven. No obstante no me río. Considero que mi infancia ultrajada es un hecho perfectamente serio (…)”.

Alejandra Pizarnik

9 de noviembre de 1962 (Fragmento)

En:

Pizarnik, Alejandra. Diarios. Barcelona: Lumen, 2003

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