La poeta sangrienta, por Mariana Enriquez – En: Página/12

FOTO: en Página/12

El año pasado pasé varios meses sumergida en Alejandra Pizarnik para un perfil que se incluyó en el libro Los Malditos, de Ediciones Diego Portales, una editorial universitaria de Chile. De entre todxs lxs “malditos” del libro, Alejandra era la más famosa y, al principio, temía encontrarme con un mito inconmovible. Pero ese miedo se fue desarmando con las entrevistas. De entre todo el material que consulté para mi rompecabezas Alejandra –su obra, sus diarios, las lecturas teóricas, las biografías, las cartas– ninguno me sirvió más que las entrevistas, que no fueron demasiadas, pero todas resultaron sorprendentes. Me sorprendió, sobre todo, que la sexualidad de Alejandra siguiera siendo un asunto conflictivo. Las versiones se superponían y desmentían: desde los que consideraban la sexualidad de Alejandra un tema menor que opacaba su estatura como poeta (una especie de “por qué meterse con su vida privada”) hasta los amigos que vivieron de cerca sus romances con mujeres; a muchos amigos Alejandra jamás les confió ser lesbiana –o, directamente, les dijo que no lo era–; a otros los invitaba a fiestas en su casa donde los recibía con su novia. La necesidad de hablar, de sentar posición, sobre la sexualidad de Alejandra estuvo presente en todas las entrevistas, revelando algo que todavía resulta incómodo, inquietante –mucho más que los problemas emocionales de Alejandra o su personalidad demandante, o su suicidio–. Y luego fue impactante averiguar que el diario publicado está incompleto y que la mayoría de las entradas no publicadas están relacionadas con cuestiones sexuales. También, y eso lo señalan los investigadores de la vida y la obra de Alejandra, fueron escamoteadas entradas donde menciona sus opiniones sobre otros escritores, Gabriel García Márquez, por ejemplo, a quien admiraba.  (Leer en Página/12)

EN: Mariana Enriquez. La poeta sangrienta. En: Página/12, 28 de septiembre de 2012

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