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Alejandra Pizarnik: la sonrisa desde el precipicio, por Ivonne Bordelois – En: La Nación

Con motivo de haberse cumplido el pasado 25 de septiembre otro aniversario de la muerte de Alejandra Pizarnik y que la semana próxima ya estará disponible en las librerías de Argentina su correspondencia ampliada, el diario La Nación publicó un texto de Ivonne Bordelois en cual se refiere a estas cartas.

Foto de Sara Facio. En: La Nación

Comparto dos fragmentos breves del mismo y los invito a leer el artículo completo en La Nación, haciendo clic AQUÍ.

Bordelois se refiere a que

Lo que estas cartas señalan es que había en Alejandra una intuición central que daba en el corazón de cada cosa -textos, situaciones o personas circundantes-, ya que nada ni nadie podía escapar a su formidable perspicacia: era el suyo un poderío difícil de conjurar. Pero se matizaba con una extrema sutileza, lirismo y comicidad en todos sus giros, donde lo obsceno y lo delicado alternaban de forma sorprendente. Cautivaba el clima que comunicaba, tanto en sus conversaciones como en sus escritos: las citas exactas, el humor negro o maravilloso, las lecturas abracadabrantes que proponía, su manera de dar vuelta la literatura con una sola frase. Su voluntad de descifrar y poner a prueba, con palabras precisas, “el corazón de las tinieblas”, era admirablemente obstinada, e imponía una suerte de compasión mezclada de reverencia y terror. Por eso acaso su existencia tuvo un breve límite, porque semejante intensidad no era sostenible más allá de ciertos plazos naturales.

Para terminar diciendo que

En verdad, Alejandra Pizarnik encontró ese lugar en el que los lenguajes tiemblan, un lugar que muy pocos poetas pueden alcanzar. Como Kafka y como Vallejo, ella escribe con los huesos, razón por la cual no envejece nunca, porque más allá del sufrimiento, está escribiendo desde lo esencial con lo esencial. Y muchas de estas cartas encierran pasajes donde vibra ese verbo aterido y aterrado que es la voz inconfundible de Pizarnik, sólo que en lugar de estar encerradas en un poema, la reflexión, la imploración que se niega a implorar están ahora dirigidas a destinatarios concretos que serán luego testigos, y se matizan o iluminan con inflexiones personales únicas e insustituibles en cada caso. Por eso son imprescindibles señales de su paso memorable por nuestro mundo, como un cometa que iluminara el fin de una época maravillosa y rebelde que ella ha encarnado y seguirá encarnando hasta la eternidad.

FUENTE

Bordelois, Ivonne. Alejandra Pizarnik: la sonrisa desde el precipicio. En: La Nación, 26 de septiembre de 2014. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1730269-alejandra-pizarnik-la-sonrisa-desde-el-precipicio-alejandra-pizarnik-multiples-moradas-de-una-poeta

“Imágenes, ritos y máscaras de la muerte en la poesía de Alejandra Pizarnik”, por Manuel García Pérez

Los invito a leer el artículo Imágenes, ritos y máscaras de la muerte en la poesía de Alejandra Pizarnik escrito por Manuel García Pérez, quien es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED:

“Ahora que regreso en esta tarde a algunos poemas de Alejandra Pizarnik, no me queda otra cosa que dar cuenta de esa latencia de muerte que renace continuamente en sus versos. La muerte no es una propuesta de reflexión o esa irreparable tendencia a la que nos conduce tantas escrituras. (seguir leyendo en: Mundiario)

FUENTE

García Pérez, Manuel. Imágenes, ritos y máscaras de la muerte en la poesía de Alejandra Pizarnik. En: Mundiario, 6 de septiembre de 2014.

 

Lumen publica una edición ampliada de los diarios de Alejandra Pizarnik

Comparto un fragmento del artículo de Marta Caballero para El Cultural:

La nueva edición aporta unos fragmentos inéditos que conservaba la poeta Olga Orozco, quien a su muerte nombró a Becciu su albacea. Estos papeles que habían estado conservados en un sobre recogen un momento clave en la vida de Pizarnik, el correspondiente a su primera estancia en Francia, cuando tras desprenderse del ambiente opresor de la sociedad porteña se encuentra con un París lleno de estímulos y de escritores que le fascinan. Son estos unos textos elaborados, escritos a máquina y con correcciones, a diferencia de los de otras épocas, aunque, recuerda la editora, la poeta siempre corrigió, podó y, con toda probabilidad, desechó muchos fragmentos. Como novedad, el volumen también permite al lector asistir a las distintas versiones de cada entrada. Esta fijación por pulir su prosa, unida al hecho de que conservara los diarios, da cuenta, amplía Becci, de que la poeta era consciente del valor intrínseco que tenían y de que planteara publicarlos, como de hecho hizo con algunas partes. No en vano, en su mente figuraba un diario al estilo del de Leonard y Virginia Wolff. 

No se equivocaba Pizarnik cuando escribía que algún día sus papeles estarían en un museo (aunque ella añadió de un instituto psiquiátrico) y hoy la auténtica versión completa se custodia en Princeton.  (Leer nota completa en El Cultural)

FUENTE

Caballero, Marta. Dentro de Pizarnik. Lumen publica una versión “definitiva” y de más de mil páginas de los Diarios de la poeta argentina, escritos entre 1954 y 1972. En: El Cultural, 4 de diciembre de 2013

Itinerario del exilio: La Poética de Alejandra Pizarnik, por Víctor Gustavo Zonana

Para leer el trabajo publicado hacer clic en la imagen.

FUENTE

ZONANA, Víctor Gustavo. Itinerario del exilio: La Poética de Alejandra Pizarnik. Rev. signos [online]. 1997, vol.30, n.41-42 [citado  2013-01-11], pp. 119-144 . Disponible en: <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-09341997000100008&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0718-0934.  doi: 10.4067/S0718-09341997000100008.

Retrato astillado de Alejandra Pizarnik, por Leonardo Valencia – En: El Universo

Su obra sigue siendo inagotable. Semanas atrás la Universidad de la Sorbona dedicó un congreso a Alejandra Pizarnik y la Casa de América Latina en París le rindió un homenaje con el ambicioso proyecto de una joven editorial francesa, Ypsilon, bajo la dirección de Isabella Checcaglini, de traducir, libro tras libro, la obra completa. Ypsilon ha concretado, con textos incluidos en la edición española de Prosa Completa, un proyecto de Pizarnik titulado Cuaderno amarillo, en traducción de Jacques Ancet, uno de los mayores traductores de poesía latinoamericana. Aunque ya existían varias versiones, este proyecto total permite nuevas lecturas de intensidad vertical, y sugiere que se haga lo mismo en lengua española. Es la mejor manera de leerla, paso a paso, y captar sus distintos rostros. Entre ellos el de su prosa, su tensa prosa que se percibe en los últimos poemarios, Extracción de la piedra de la locura y El infierno musical. Nunca nada es completo en su literatura, o mejor dicho, está astillada: fragmentos que se apelan entre sí de un libro a otro, en una órbita que muestra su rostro múltiple. Hay un filón en el que considero uno de sus textos narrativos fundamentales, publicado póstumo, La bucanera de Pernambuco. Aquí todo es juego, irreverencia, cortocircuitos verbales plagados de calambures, paronomasias y glosolalias que sorprenden a sus lectores habituales y que, por la disonancia humorística, a veces les incomoda. César Aira lo consideraba un ejercicio fallido. Discrepo. La dimensión del fracaso es la dimensión de la gran búsqueda. (Seguir leyendo en El Universo)

Leonardo Valencia

FUENTE

Valencia, Leornardo. Retrato astillado de Alejandra Pizarnik. En: El Universo, 18 de diciembre de 2012

Sobredosis de Seconal, por Enrique Vila-Matas – En: El ayudante de Vilnius

Enrique Vila-Matas ha publicado en su blog El ayudante de Vilnius un texto dedicado a Alejandra Pizarnik, aparecido por primera vez en Babelia en el año 2001. 

Vuelvo a compartir un fragmento del mismo en este blog, la primera vez lo compartí en abril de 2011 desde Sololiteratura.com con el título de “La poeta que lloró hasta romperse“.

Dice Enrique Vila-Matas:

Crece imparable la leyenda de Alejandra Pizarnik, no porque se matara joven en 1972, sobredosis de seconal, a la edad de 36 años, sino porque las fuerzas de su lenguaje, unas “damas solitarias y desoladas”, resisten el paso del tiempo. Esas damas solitarias eran las palabras, que a su vez para ella eran temas. Cada palabra un tema. Sueño, muerte, infancia, terror, noche. Combinó estos temas incansablemente con una gran confianza en el lenguaje, que paradójicamente acabó despertando en ella la sospecha de que sus palabras tenían una dimensión mortal y tal vez lo único que nombraban era la ausencia.

Alejandra Pizarnik”, escribe Luis Chitarroni. “Basta nombrarla para que en el aire vibren la poesía y la leyenda. Una lírica extrema y también una tragedia”.

Crece imparable el mito de Alejandra Pizarnik, sobre todo entre los lectores jóvenes, que ven en ella a alguien de la estirpe de Lautréamont y Artaud, que ven en ella, como ha dicho Ana María Moix, a una poeta que se internó por infiernos raramente visitados por la poesía contemporánea escrita en castellano. Crece su leyenda entre los jóvenes porque éstos andan averiguando por su cuenta, no porque se lo faciliten las editoriales de ahora, que hubo en la literatura unos tiempos en los que los escritores eran figuras envueltas en el misterio, personajes excéntricos e inexplicables. Gente de otro mundo, no como los escritores actuales que en su mayoría declaran ser gente común y corriente, que tiene en el banco una cuenta corriente y administra la literatura desde el burócrata escritorio de su despacho corriente. (Seguir leyendo en “El ayudante de Vilnius“)