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“Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos”

“(…) Me pidió también una chica que hace cine y televisión que colabore con ella en un film corto sobre un desencuentro amoroso. Le di buenas ideas. Pero hacer los diálogos me es imposible. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie (…)”.

Alejandra Pizarnik, fragmento de una carta dirigida a León Ostrov.

La carta fue despachada desde París el 7 de septiembre de 1960.

La misma se incluye como Carta Nº 6 en el libro Alejandra Pizarnik / León Ostrov : cartas editado por Andrea Ostrov y publicado por Eduvim en 2012.

Que podamos decir todo lo que tenemos que decir

“(…) Y ahora te dejo. Ojalá que este año -¡tantos días a los que debemos dar sentido y razón de ser!- sea fecundo, para ti, para mí, ojalá que podamos decir todo lo que tenemos que decir y lo más bellamente posible. Llegue a ti mi abrazo.

Alejandra”.

Fragmento de una carta de Alejandra Pizarnik enviada a Rubén Vela. Sin lugar ni fecha.

En: Bordelois, Ivonne ; Piña, Cristina. (2014). Nueva correspondencia Pizarnik. –Buenos Aires : Alfaguara, p. 47.

Regalo de navidad

Nueva correspondencia Pizarnik / editado por Ivonne Bordelois y Cristina Piña. -1 ed.- Buenos Aires : Alfaguara, 2014

(…) Nuestro desencuentro durante tu última estadía en Buenos Aires ha de ser obra de la irrealidad que se esconde en todo acto, aún en el más trivial. Merced a ella, estás sufriendo una leve metamorfosis en mi conciencia, cada vez adquieres un color más poético, abrazado por el humo, cálido amigo que se fue hace varios siglos. Por ello , me apresuro a escribirte para restablecer nuestra comunicación. (…)”.

Fragmento de una carta de Alejandra Pizarnik a Rubén Vela. Navidad de 1956. (p. 40-41).

“Cada generación encuentra a una Alejandra Pizarnik distinta” – En: La Jornada

Los invito a leer la entrevista que Ericka Montaño Garfias le hizo a Cristina Piña para el periódico La Jornada de México en relación al libro “Nueva correspondencia Pizarnik”. Se trata de una edición ampliada compilada por Piña e Ivonne Bordelois y publicada en es país por Posdata Editores.

Dice Cristina Piña:

Cada generación descubre a una Alejandra diferente; sí cuando ella murió era poeta, cuatro gatos de sus amigos sabían que escribía prosa, había publicado un librito chiquitito, La condesa sangrienta, era una poeta. Cuando llega la generación del 80, aparecen las prosas de ella. Y luego los diarios, ahora las cartas. No se acaba con ella. Hay un verso que me gusta de Fernando Pessoa, que dice: ‘Soy una antología’, pero Alejandra es una antología de voces, entonces te imaginarás. Siempre digo ‘no estoy loca trabajando su obra’ desde el 76 hasta el día de hoy, lo que pasa es que no se acaba. (Leer entrevista completa)

FUENTE

Ericka Montaño Garfias. Entrevista a Cristina Piña: “Cada generación encuentra a una Alejandra Pizarnik distinta”. En: La Jornada, 26 de octubre de 2014. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2014/10/26/cultura/a02n1cul

Libros que compré en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

En relación a Alejandra Pizarnik, éstos son los libros que compré en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que finalizó el pasado 13 de mayo:

  • El eco de mis muertes, de Santiago Caruso – Edición de autor
  • Alejandra Pizarnik / León Ostrov. Cartas. Una edición de Andrea Ostrov publicada por EDUVIM

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La publicación de Alejandra Pizarnik / León Ostrov: cartas – En: Página/12

Comparto un fragmento de la reseña escrita por Silvina Friera para Página/12 en relación al libro Alejandra Pizarnik / León Ostrov: cartas.

Un aluvión de palabras compartidas

El poema es una forma abismal de la vida, desde el éxtasis –o el frenesí de habitar la luna– hasta la desesperación. La obra de Alejandra Pizarnik es así de extrema: una fuente inagotable de ansiedades y desasosiegos que cabalgan por la sintaxis de pesares, obsesiones y tormentos sin tregua en el devenir radical de la lengua-existencia. “Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y de mis imposibilidades.” Palabra inédita de Alejandra que –a casi cuarenta años de su muerte, el próximo 25 de septiembre– al fin resplandece en las páginas de Alejandra Pizarnik/León Ostrov: Cartas, una joya mayúscula publicada por la editorial de su primer psicoanalista. Un relámpago la retuerce en el imperativo de un deseo tan fuerte como el miedo de no poder conjurar los mil demonios que la asedian. “Usted es de esos seres que trabajan siempre porque la intimidad no descansa. Y si sus miedos y miserias se convierten, después, en palabras bellas, pues alégrese, porque las palabras bellas sólo surgen cuando algo, de adentro, hermoso o terrible, mejor, hermoso y terrible, las impulsa”, le responde Ostrov.

El epistolario de Pizarnik a Ostrov constituye el minucioso relato de las peripecias vitales de la poeta durante su estadía en París: la descripción de sus sucesivas viviendas; de su bohemia y desordenada cotidianidad; su trabajo rutinario en la revista Cuadernos del Congreso para la Libertad de la Cultura; la referencia a nuevas amistades literarias; la reflexión sobre el sufrimiento que le ocasionaron algunas de sus antiguas relaciones; la conciencia de sus amores imposibles y del difícil vínculo con su familia –“la imagen de la solterona frustrada e idiotizada por su madre me persigue”–; la irrupción de los problemas de salud y los malestares físicos –“renuncié absolutamente al café, al alcohol y casi al tabaco”–; el relato de situaciones puntuales como el encuentro con Simone de Beauvoir, la entrevista a Marguerite Duras, la visita de Olga Orozco, la relación “rara” con Octavio Paz y la amistad con Roberto Juarroz, entre otros. Andrea Ostrov define la publicación de este corpus como “un acto de justicia” hacia la poeta y su padre, quienes mantuvieron una correspondencia ininterrumpida entre 1960 y 1964, los años parisinos de la autora de Arbol de Diana. Se han conservado 21 cartas de la poeta –excepto tres de ellas, todas datan del período en que estuvo en París– y sólo cinco de las respuestas del psicoanalista, que actualmente integran el Archivo Pizarnik de la Universidad de Princeton. Alejandra tenía 18 años a mediados de 1954, cuando empezó a psicoanalizarse. La terapia se prolongó poco más de un año. La amistad, en cambio, trascendió la exigua frontera del diván. (Seguir leyendo en Página/12)

FUENTE

Friera, Silvina. Un aluvión de palabras compartidas. En: Página/12, 19 de agosto de 2012

Ver tambiénAlejandra Pizarnik – León Ostrov. Cartas. Una edición de Andrea Ostrov – EDUVIM