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Agua para Alejandra, de Florencia Berthold

Inspirada en “Diarios” de Alejandra Pizarnik. Cuatro cuerpos en cuatro baños intentan encontrarse.Lo obsceno, el sexo, la muerte. Una mujer y sus palabras, una mujer y sus otras partes. Varias o una partida.

Ficha técnico artística

Autoría: Florencia Berthold

Actúan: Nicolás Deppetre, Agustina Montiel, Clara Murgia, Lucila Németh

Vestuario: Ezequiel Galeano

Maquillaje: Luciana Cruz Font

Diseño de luces: Juan Fernández Gebauer

Música: Ivan Espeche

Fotografía: Maren Henke

Utilero: Ezequiel Galeano

Diseño gráfico: Maren Henke

Asistencia de dirección: Maren Henke

Puesta en escena: Florencia Berthold

Dirección: Florencia Berthold

Comparto un fragmento de la crítica de María Laura Flores publicada en Pagina/12

Cada palabra del guión, cada elemento, y hasta la música, se fusionan para intentar demoler las convenciones hasta ahora utilizadas para entenderla, porque si de algo no caben dudas, es de que Pizarnik es una criatura de estudio que vagó por la mente de miles de intelectuales intentando ser comprendida, o al menos intuir sus laberintos. ¿Y por qué? ¿y para qué? Agua para Alejandra se convierte en casi un homenaje para salvarla de tantxs adictxs que quedan aprisionadxs buscando en sus versos la piedra de la locura (“no mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque”).

Alejada de teorías lacanianas psicoanalíticas, teorías feministas, movimientos malditos y surrealistas, Florencia Berthold, la directora, se adentra en la sinceridad del lenguaje, lo explota para guardarle honestidad congénita: las palabras, en Pizarnik, no eran silabas en el aire, debían representar, tenían la obligación de ser músculos en el papel. Y hasta allí llega Berthold, con el acompañamiento de tres actrices y un actor que se sumergen en el lenguaje y le inyectan casi la misma fuerza que poseen los versos de Alejandra. (Leer texto completo en Página/12)

Las funciones se realizan los viernes a las 21:30 hs. en el Teatro El Grito (Costa Rica  5459, CABA)

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FUENTES

Agua para Alejandra, en Facebook

Agua para Alejandra, de Florencia Berthold. En: Alternativa Teatral

Flores, María Laura. Yo quisiera ser agua en vez de Alejandra. En: Página/12, 5 de julio de 2013

Los trabajos y las noches, por Mercedes Halfon – En: Página/12

Hoy Página/12 publicó un artículo de Mercedes Halfon dedicado al artista Santiago Caruso y su obra -y libro-  El Eco de mis muertes.

el eco de mis

Comparto aquí un pequeño fragmento del artículo:

Y quizás no hubiera destino mejor que esos dibujos –pequeño formato, realizados en acuarela– que el de volverse también libro. Así nació El eco de mis muertes, el hermoso libro de imágenes, edición de autor, que Santiago editó en 2012. Hoy se pueden ver los dibujos y conseguir el volumen que los reúne en Moebius Liceo, la galería dedicada al género ilustración, por la que también pasaron recientemente Carlos Nine y Liniers.

Libro y muestra establecen una relación compleja con la literatura de Pizarnik. A diferencia de lo ocurrido en el trabajo con La condesa sangrienta –o con sus ilustraciones de libros de H. P. Lovecraft y Ambrose Bierce, editados por Zorro Rojo–, esta vez no se trató de ilustrar una obra particular, párrafo a párrafo, sino de ir un poco más lejos. Tomó la obra poética en su conjunto y realizó una serie que forma una especie de recorrido o historia. “Intenté construir un relato visual propio a partir de la búsqueda de Pizarnik de hacer el poema con el cuerpo, de ser ese poema, de tener una interacción profunda con su obra literaria. Y también abarcar los mundos que describen los distintos libros de Alejandra: la idea del día como lo asfixiante, los pájaros que incendian el aire, las figuras que se donan por la poesía, lo desértico, las niñas moribundas, la noche como espacio mágico ligado a la escritura. Traté de ordenarlos y de darles un sentido narrativo, si bien es bastante poética esa narración en imágenes.” (Leer artículo completo en Página/12)

Halfon, Mercedes. Los trabajos y las noches: El eco de mis muertes, Santiago Caruso ilustra a Alejandra Pizarnik. En: Página/12, Suplemento Radar, 6 de enero de 2013.

Carta a Alejandra: Amor más allá de la suerte, por Fernando Noy – En: Página/12

Alejandra Pizarnik y Fernando Noy juntos hace 40 años atrás. FOTO: en Página/12

Alejandra, para y desde siempre adorada, qué decir sobre Ti que ya no hubiera dicho. Tantos recuerdos acrecentados por la memoria durante aquel transcurrir de fiesta delirante como llamabas a nuestras noches sin fin, cuando yo todavía era tu “ángel de los Urales” rebautizado por Olga Orozco, a causa de mi altura. Ella muchas veces venía a recitar con el trueno de su voz poderosa poemas tuyos o de ella, aún inéditos. Material que ibas a reunir en tu último libro: El infierno musical o parte del insólito barroco delirante de La Bucanera de Pernambuco.

Personalmente aún podía resistir el frenesí de tres días sin dormir, explorando juntas esos umbrales ilícitos donde residen Milosz-Trakl-Esenin-Paz-Nerval-Artaud-Rimbaud o la condesa Erzsebet Bathory, alimentándose de jóvenes doncellas, fascinada por una amazona vampira visitándola en su lúgubre castillo cada medianoche según contaba Valentine Penrose en La condesa sangrienta, libro encontrado como una revelación durante tus andanzas por las librerías de viejos a orillas del Sena, en aquella París añorada hasta la desesperación. (Seguir leyendo en Página/12)

En: Noy, Fernando. Carta a Alejandra: amor más allá de la suerte. En: Página/12, 28 de septiembre de 2012.

La poeta sangrienta, por Mariana Enriquez – En: Página/12

FOTO: en Página/12

El año pasado pasé varios meses sumergida en Alejandra Pizarnik para un perfil que se incluyó en el libro Los Malditos, de Ediciones Diego Portales, una editorial universitaria de Chile. De entre todxs lxs “malditos” del libro, Alejandra era la más famosa y, al principio, temía encontrarme con un mito inconmovible. Pero ese miedo se fue desarmando con las entrevistas. De entre todo el material que consulté para mi rompecabezas Alejandra –su obra, sus diarios, las lecturas teóricas, las biografías, las cartas– ninguno me sirvió más que las entrevistas, que no fueron demasiadas, pero todas resultaron sorprendentes. Me sorprendió, sobre todo, que la sexualidad de Alejandra siguiera siendo un asunto conflictivo. Las versiones se superponían y desmentían: desde los que consideraban la sexualidad de Alejandra un tema menor que opacaba su estatura como poeta (una especie de “por qué meterse con su vida privada”) hasta los amigos que vivieron de cerca sus romances con mujeres; a muchos amigos Alejandra jamás les confió ser lesbiana –o, directamente, les dijo que no lo era–; a otros los invitaba a fiestas en su casa donde los recibía con su novia. La necesidad de hablar, de sentar posición, sobre la sexualidad de Alejandra estuvo presente en todas las entrevistas, revelando algo que todavía resulta incómodo, inquietante –mucho más que los problemas emocionales de Alejandra o su personalidad demandante, o su suicidio–. Y luego fue impactante averiguar que el diario publicado está incompleto y que la mayoría de las entradas no publicadas están relacionadas con cuestiones sexuales. También, y eso lo señalan los investigadores de la vida y la obra de Alejandra, fueron escamoteadas entradas donde menciona sus opiniones sobre otros escritores, Gabriel García Márquez, por ejemplo, a quien admiraba.  (Leer en Página/12)

EN: Mariana Enriquez. La poeta sangrienta. En: Página/12, 28 de septiembre de 2012

Ximena Romero habla de su obra “A orillas del silencio” – En: Página 12

Comparto dos fragmentos breves de la entrevista de Cecilia Hopkins a Ximena Romero cuya obra “A orillas del silencio” parte de la obra poética de Alejandra Pizarnik:

La figura de Pizarnik fue tomada para muchas experiencias escénicas. ¿Qué motivó su elección?

–La elegí por radical, por obsesiva y apasionada. Y porque su escritura tiene cuerpo: no solamente por su intensidad, sino porque en su poesía el cuerpo aparece todo el tiempo.

Más adelante ante la reflexión de Hopkins “Escrita, proyectada o dicha, la palabra está muy presente en el espectáculo…

Romero responde:

–Es que Pizarnik habla mucho acerca de la palabra, le da un espacio enorme en su obra. A partir de la lectura de su obra, nosotras interpretamos que su obsesión por el lenguaje tenía que ver con encontrar la palabra justa para expresar algo que, en realidad, es inexpresable. Por eso nos da la sensación de que ella agotaba el lenguaje, pero sin llegar a darle entidad a lo inconmensurable. A pesar de esto, ella deseaba vivir desde la escritura.

Para leer la entrevista completa hacer clic AQUÍ.

FUENTE:

Hopkins, Cecilia. La palabra hecha cuerpo. En: Página/12, 24 de agosto de 2012

VER TAMBIÉN:

A orillas del silencio. Blog

A orillas del silencio, dirigida por Ximena Romero, en este blog

 

 

 

La publicación de Alejandra Pizarnik / León Ostrov: cartas – En: Página/12

Comparto un fragmento de la reseña escrita por Silvina Friera para Página/12 en relación al libro Alejandra Pizarnik / León Ostrov: cartas.

Un aluvión de palabras compartidas

El poema es una forma abismal de la vida, desde el éxtasis –o el frenesí de habitar la luna– hasta la desesperación. La obra de Alejandra Pizarnik es así de extrema: una fuente inagotable de ansiedades y desasosiegos que cabalgan por la sintaxis de pesares, obsesiones y tormentos sin tregua en el devenir radical de la lengua-existencia. “Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y de mis imposibilidades.” Palabra inédita de Alejandra que –a casi cuarenta años de su muerte, el próximo 25 de septiembre– al fin resplandece en las páginas de Alejandra Pizarnik/León Ostrov: Cartas, una joya mayúscula publicada por la editorial de su primer psicoanalista. Un relámpago la retuerce en el imperativo de un deseo tan fuerte como el miedo de no poder conjurar los mil demonios que la asedian. “Usted es de esos seres que trabajan siempre porque la intimidad no descansa. Y si sus miedos y miserias se convierten, después, en palabras bellas, pues alégrese, porque las palabras bellas sólo surgen cuando algo, de adentro, hermoso o terrible, mejor, hermoso y terrible, las impulsa”, le responde Ostrov.

El epistolario de Pizarnik a Ostrov constituye el minucioso relato de las peripecias vitales de la poeta durante su estadía en París: la descripción de sus sucesivas viviendas; de su bohemia y desordenada cotidianidad; su trabajo rutinario en la revista Cuadernos del Congreso para la Libertad de la Cultura; la referencia a nuevas amistades literarias; la reflexión sobre el sufrimiento que le ocasionaron algunas de sus antiguas relaciones; la conciencia de sus amores imposibles y del difícil vínculo con su familia –“la imagen de la solterona frustrada e idiotizada por su madre me persigue”–; la irrupción de los problemas de salud y los malestares físicos –“renuncié absolutamente al café, al alcohol y casi al tabaco”–; el relato de situaciones puntuales como el encuentro con Simone de Beauvoir, la entrevista a Marguerite Duras, la visita de Olga Orozco, la relación “rara” con Octavio Paz y la amistad con Roberto Juarroz, entre otros. Andrea Ostrov define la publicación de este corpus como “un acto de justicia” hacia la poeta y su padre, quienes mantuvieron una correspondencia ininterrumpida entre 1960 y 1964, los años parisinos de la autora de Arbol de Diana. Se han conservado 21 cartas de la poeta –excepto tres de ellas, todas datan del período en que estuvo en París– y sólo cinco de las respuestas del psicoanalista, que actualmente integran el Archivo Pizarnik de la Universidad de Princeton. Alejandra tenía 18 años a mediados de 1954, cuando empezó a psicoanalizarse. La terapia se prolongó poco más de un año. La amistad, en cambio, trascendió la exigua frontera del diván. (Seguir leyendo en Página/12)

FUENTE

Friera, Silvina. Un aluvión de palabras compartidas. En: Página/12, 19 de agosto de 2012

Ver tambiénAlejandra Pizarnik – León Ostrov. Cartas. Una edición de Andrea Ostrov – EDUVIM

La poeta sangrienta, por Guadalupe Treibel – En: Página/12

El cuerpo y la obra, la vida y el verso se superpusieron y se entramaron en Alejandra Pizarnik, nuestra poeta maldita por el extremo al que llevó su búsqueda por atravesar los límites formales de palabra, por hacerla vivir, capaz de sangrar como sangró ella por pura necesidad de nombrar un deseo urgente y esquivo que se consumió demasiado rápido. A 40 años de su muerte, el Museo Larreta la homenajea con una muestra en la que hay tanto espacio para el fetiche –se exhiben, por ejemplo, sus anteojos donados por la familia– como para recorrer su correspondencia, su obra crítica y sobre todo su vida y su poesía en la voz de quienes la conocieron y la amaron.

Fue Buma, Flora y finalmente Alejandra. Se deslizó como un barco sobre un río de piedras. Escribió versos como “No es la soledad con alas, / es el silencio de la prisionera, / es la mudez de pájaros y viento, / es el mundo enojado con mi risa / o los guardianes del infierno / rompiendo mis cartas. / He llamado, he llamado. / He llamado hacia nunca”. Editó libros (La tierra más ajena, Arbol de Diana, El infierno musical, etcétera), quemó libros, inspiró libros. Estudió Filosofía, Letras, Periodismo; a todas las abandonó. No ató su sexualidad. Escuchó a Janis Joplin, a Edith Piaf. Se obsesionó con las palabras crudas, transparentes; con versos melancólicos, finales; con estructuras cambiantes. Perseveró en su firme vocación de suicidio. Y, con 36 años, murió: el 25 de septiembre de 1972, tomó cincuenta pastillas de Seconal (un barbitúrico) y falleció. Dejó cartas, diarios, ensayos, entrevistas, traducciones y un séquito de entusiastas que no dudan en llamarla “la gran poeta del siglo XX”.

En el año en que se conmemoran cuatro décadas de su desaparición, el Museo Enrique Larreta decidió homenajear a Alejandra Pizarnik. Según explica Ricardo Valerga, curador de la exhibición El deseo y la palabra, “son tres los ejes que rigen: la obra (en especial, su poesía y el texto ‘La condesa sangrienta’), la biografía y las ilustraciones realizadas por Santiago Caruso. AP es la gran poeta argentina; era necesario darle esta vidriera”, asegura el –también– investigador de la institución de Juramento 2291, que este año cumple 50 años, dirigida por Mercedes di Paola de Picot. [Seguir leyendo en Página/12]

Treibel, Guadalupe. La poeta sangrienta. En: Página/12, 27 de abril de 2012