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La poeta sangrienta, por Guadalupe Treibel – En: Página/12

El cuerpo y la obra, la vida y el verso se superpusieron y se entramaron en Alejandra Pizarnik, nuestra poeta maldita por el extremo al que llevó su búsqueda por atravesar los límites formales de palabra, por hacerla vivir, capaz de sangrar como sangró ella por pura necesidad de nombrar un deseo urgente y esquivo que se consumió demasiado rápido. A 40 años de su muerte, el Museo Larreta la homenajea con una muestra en la que hay tanto espacio para el fetiche –se exhiben, por ejemplo, sus anteojos donados por la familia– como para recorrer su correspondencia, su obra crítica y sobre todo su vida y su poesía en la voz de quienes la conocieron y la amaron.

Fue Buma, Flora y finalmente Alejandra. Se deslizó como un barco sobre un río de piedras. Escribió versos como “No es la soledad con alas, / es el silencio de la prisionera, / es la mudez de pájaros y viento, / es el mundo enojado con mi risa / o los guardianes del infierno / rompiendo mis cartas. / He llamado, he llamado. / He llamado hacia nunca”. Editó libros (La tierra más ajena, Arbol de Diana, El infierno musical, etcétera), quemó libros, inspiró libros. Estudió Filosofía, Letras, Periodismo; a todas las abandonó. No ató su sexualidad. Escuchó a Janis Joplin, a Edith Piaf. Se obsesionó con las palabras crudas, transparentes; con versos melancólicos, finales; con estructuras cambiantes. Perseveró en su firme vocación de suicidio. Y, con 36 años, murió: el 25 de septiembre de 1972, tomó cincuenta pastillas de Seconal (un barbitúrico) y falleció. Dejó cartas, diarios, ensayos, entrevistas, traducciones y un séquito de entusiastas que no dudan en llamarla “la gran poeta del siglo XX”.

En el año en que se conmemoran cuatro décadas de su desaparición, el Museo Enrique Larreta decidió homenajear a Alejandra Pizarnik. Según explica Ricardo Valerga, curador de la exhibición El deseo y la palabra, “son tres los ejes que rigen: la obra (en especial, su poesía y el texto ‘La condesa sangrienta’), la biografía y las ilustraciones realizadas por Santiago Caruso. AP es la gran poeta argentina; era necesario darle esta vidriera”, asegura el –también– investigador de la institución de Juramento 2291, que este año cumple 50 años, dirigida por Mercedes di Paola de Picot. [Seguir leyendo en Página/12]

Treibel, Guadalupe. La poeta sangrienta. En: Página/12, 27 de abril de 2012