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Que podamos decir todo lo que tenemos que decir

“(…) Y ahora te dejo. Ojalá que este año -¡tantos días a los que debemos dar sentido y razón de ser!- sea fecundo, para ti, para mí, ojalá que podamos decir todo lo que tenemos que decir y lo más bellamente posible. Llegue a ti mi abrazo.

Alejandra”.

Fragmento de una carta de Alejandra Pizarnik enviada a Rubén Vela. Sin lugar ni fecha.

En: Bordelois, Ivonne ; Piña, Cristina. (2014). Nueva correspondencia Pizarnik. –Buenos Aires : Alfaguara, p. 47.

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Regalo de navidad

Nueva correspondencia Pizarnik / editado por Ivonne Bordelois y Cristina Piña. -1 ed.- Buenos Aires : Alfaguara, 2014

(…) Nuestro desencuentro durante tu última estadía en Buenos Aires ha de ser obra de la irrealidad que se esconde en todo acto, aún en el más trivial. Merced a ella, estás sufriendo una leve metamorfosis en mi conciencia, cada vez adquieres un color más poético, abrazado por el humo, cálido amigo que se fue hace varios siglos. Por ello , me apresuro a escribirte para restablecer nuestra comunicación. (…)”.

Fragmento de una carta de Alejandra Pizarnik a Rubén Vela. Navidad de 1956. (p. 40-41).

Poemas homenaje de Rubén Vela a Alejandra Pizarnik

Homenaje a Alejandra Pizarnik

(primer homenaje)

Tu esqueleto de espumas.
Tu infancia hasta el fin de los días.

1970


La inocente

(segundo homenaje)

Desnuda y victoriosa, da de comer 
a los animales salvajes.
Ellos lamen sus muslos, le gastan 
el sexo dulcemente, se alimentan 
de esas aguas más profundas.

Al amanecer, ella cierra sus 
piernas. Los animales gimen 
al principio, rugen luego, 
la despedazan con sus garras.

La bella indiferente dice: ¡hasta 
mañana! y duerme.

Los animales protegen sus 
despojos.

Alejandra Pizarnik

(tercer homenaje)

1

¿Te acordás, Alejandra, cuando
el Adagio de Albinoni envolvía
tu cuerpo solitario, y arcángeles
sorprendidos
volaban entre vidrios de colores
arrojando ramos de luz?

2

Tan sola, tan frágil, tan 
dolorosamente abandonada 
entre juegos de infancia 
que repiten y repiten 
una misma canción. 
La que va a morir tiene 
grietas en los labios y flores 
desteñidas arrancadas de su piel. 
La que va a morir inventa 
una sonrisa que cuelga 
de su rostro como diciendo 
adiós.

3

Hace frío y tus manos dibujan
una puerta que se abre hacia 
un jardín vacío. Yo me iré, 
decías, sin saber, sin querer. 
Abrazada a mi nombre, yo 
me iré sin saber.

4
Ruedan los dados sobre un tapete 

verde. Ruedan las palabras sobre 
la página en blanco. Ruedan, 
ruedan hacia un destino incierto. 
He aquí la elección: escribir o morir. 
Nada tan fácil, nada tan difícil. 
Y el espejo se rompe y la luz 
se desvanece. ¿Alejandra, Alejandra, 
adonde vas?

Y desde ese silencio 
otra música nace.

Rubén Vela

En: La página de Rubén Vela